Una entrevista de trabajo no deja de ser una conversación entre dos personas. Aunque una represente a la empresa y otra esté buscando empleo, ambas intentan descubrir si pueden construir una relación profesional beneficiosa.
La empresa quiere saber qué puedes aportar, qué conocimientos tienes y cómo encajarías en su equipo. Pero tú también necesitas conocer qué puede ofrecerte: funciones, condiciones, posibilidades de aprendizaje y un entorno en el que desarrollar tu carrera.
Una buena entrevista no consiste en convencer a alguien de que te contrate a cualquier precio, sino en descubrir si ambas partes pueden aportarse valor.
Desde mi experiencia trabajando en selección de personal, hay determinadas respuestas y comportamientos que pueden generar dudas sobre una candidatura, incluso cuando la persona tiene experiencia suficiente para desempeñar el puesto. Estas son cinco cosas que recomiendo evitar.
1. Nunca hables mal de tu antiguo jefe
Es habitual que durante una entrevista te pregunten por qué abandonaste tu anterior empresa. Y es posible que la relación con tu responsable no fuera buena. Quizá existieran diferencias en la forma de trabajar, problemas de comunicación o situaciones que terminaron desgastando la relación profesional.
Pero una entrevista no es el mejor momento para desahogarte.
«Me fui porque mi jefe era insoportable, no sabía dirigir y siempre teníamos problemas».
Aunque tengas motivos para sentirte así, esa respuesta puede hacer que la persona que te entrevista se pregunte cómo gestionarás los desacuerdos en el futuro. Puedes explicar lo sucedido sin atacar personalmente a nadie.
«Teníamos diferentes formas de entender el trabajo y consideramos que lo mejor para ambas partes era finalizar la relación profesional. Me quedo con lo aprendido y ahora busco un proyecto donde pueda seguir desarrollándome».
Eso sí, utiliza esta explicación únicamente si refleja lo que realmente ocurrió. No necesitas inventar una salida amistosa si no la hubo.
2. No critiques a tus antiguos compañeros
Algo parecido ocurre cuando hablas de las personas con las que has trabajado. Frases como «mis compañeros eran unos vagos», «siempre tenía que hacerlo todo yo» o «nadie sabía trabajar» pueden transmitir una imagen negativa.
En la mayoría de los puestos tendrás que colaborar con otras personas. Por eso, además de tus conocimientos, interesa saber cómo afrontas las diferencias y cómo contribuyes al funcionamiento de un equipo.
Si tuviste dificultades, explica qué hiciste para resolverlas.
«En algunos momentos tuvimos diferencias en la organización de las tareas. Intenté mejorar la coordinación y aprendí la importancia de establecer responsabilidades claras».
No significa que tengas que ocultar situaciones graves o justificar comportamientos inadecuados. Significa que puedes hablar de ellas con respeto y centrándote en los hechos.
3. Evita decir: «Necesito trabajar de lo que sea»
Esta es una de las respuestas que más me gustaría que los candidatos reflexionaran antes de utilizar.
Entiendo perfectamente que una persona necesite trabajar. Todos tenemos responsabilidades, gastos y situaciones personales diferentes. Y, en determinados momentos, encontrar empleo puede convertirse en una prioridad urgente.
«Me da igual el trabajo, necesito trabajar de lo que sea».
Cuando dices eso, puedes generar una duda importante en la empresa: ¿realmente te interesan las funciones del puesto o simplemente estás buscando cualquier oportunidad hasta encontrar otra cosa?
La persona que selecciona podría pensar que, en cuanto aparezca una oferta que te interese más, abandonarás el puesto. No tiene por qué ocurrir, pero es una interpretación posible.
Mi consejo es que intentes identificar qué aspectos del trabajo sí encajan contigo.
«Actualmente estoy buscando una oportunidad laboral y este puesto me interesa porque puedo aportar mi experiencia en atención al cliente, me gusta el trato con las personas y considero que puedo adaptarme bien a sus funciones».
No necesitas presentar el empleo como la gran vocación de tu vida. Simplemente demuestra que conoces las funciones y que tienes motivos concretos para querer desempeñarlas.
4. No acudas sin saber a qué se dedica la empresa
Imagina que alguien quiere trabajar contigo, pero no sabe a qué te dedicas, qué servicios ofreces o cuál es tu actividad. ¿Qué impresión te produciría?
En una entrevista ocurre algo parecido. Cuando te preguntan «¿Qué sabes de nuestra empresa?» y respondes «La verdad es que no he tenido tiempo de mirarlo», puedes transmitir falta de preparación.
No necesitas memorizar toda su historia ni conocer sus cifras de facturación. Pero sí deberías dedicar unos minutos a investigar:
- A qué se dedica la empresa y cuáles son sus principales servicios o productos.
- En qué sector trabaja y dónde desarrolla su actividad.
- Qué funciones tiene el puesto al que te presentas.
- Qué aspectos de la empresa o del trabajo te resultan interesantes.
«He visto que vuestra empresa trabaja en el sector servicios y que desarrolla su actividad en distintos centros de la Región de Murcia. Me interesa especialmente el puesto porque tengo experiencia en funciones similares y creo que podría aportar desde el principio».
Esta respuesta demuestra algo sencillo, pero importante: has dedicado tiempo a conocer dónde podrías trabajar.
Y recuerda que informarte también te beneficia a ti. Cuanto más conozcas la empresa, mejores preguntas podrás hacer y más fácil será valorar si realmente quieres trabajar allí.
5. No respondas únicamente lo que crees que quieren escuchar
Hay un error que puede pasar desapercibido: intentar ofrecer respuestas perfectas en lugar de respuestas sinceras.
Algunos candidatos creen que deben afirmar que dominan cualquier herramienta, que nunca han tenido conflictos o que pueden asumir cualquier responsabilidad. Pero exagerar conocimientos o inventar experiencias puede terminar perjudicándote.
Imagina que te preguntan si dominas un programa informático que apenas has utilizado. En lugar de responder que eres experto, podrías decir:
«He trabajado con herramientas similares y conozco algunas funciones de ese programa, aunque todavía necesito profundizar. Me siento cómodo aprendiendo nuevas aplicaciones».
Esa respuesta es honesta y, al mismo tiempo, explica tu capacidad de adaptación. No tienes que saberlo todo para ser un buen candidato.
La entrevista no es un interrogatorio: es una oportunidad para conocerse
Una entrevista es una conversación en la que dos partes buscan descubrir si pueden construir una relación profesional. No se trata de ocultar quién eres, fingir que todo ha ido bien en tu trayectoria o decir lo que la empresa quiere escuchar.
Se trata de comunicar tu experiencia con respeto, explicar qué puedes aportar y demostrar que has reflexionado sobre la oportunidad.
Recuerda estas cinco ideas: habla de tus experiencias anteriores sin atacar a nadie, muestra respeto por tus antiguos compañeros, explica por qué te interesa el puesto, infórmate sobre la empresa y responde con sinceridad.
Y, sobre todo, no olvides que tú también estás eligiendo. La empresa evalúa si eres una buena incorporación. Pero tú también debes valorar si ese trabajo encaja con tus necesidades, tus capacidades y tus objetivos profesionales.
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